martes, 19 de mayo de 2009
Hombres de Confianza
miércoles, 15 de abril de 2009
M u j e r e s
domingo, 5 de abril de 2009
Money
sábado, 4 de abril de 2009
Cese el fuego
Cambiar la táctica, damas y caballeros, es lo que debemos hacer. Pensar distinto es urgente. Hay que revisar la estrategia con que enfrentamos esta Nomenklatura económica y política que nos rige, reformular el cómo articulamos la crítica y canalizamos el obvio descontento, pues no creo que podamos albergar la esperanza de que vaya a cambiar o siquiera mejorar en lo que nos quede de vida así como vamos. Corremos un gran riesgo dejando pasar tanta canallada junta sin que los responsables ni siquiera sientan ignominia por sus acciones, y obviando el hecho manifiesto de que aquéllas tienen y han tenido lugar aún a pesar de todos los resguardos, sean éstos constitucionales, penales o electorales. Urge cambiar el enfoque. Decretar el cese al fuego. Loables son las intenciones, desinteresadas las voluntades, de todos aquellos que escribimos cartas a los diarios o publicamos humildes notas como ésta, sin más afán que un Chile más justo, denunciando, reflexionando, debatiendo, aportando; pero que, lo confieso, siento que apenas rasguñan la superficie de este sistema monolítico y cerrado, en que los ciudadanos sólo nos limitamos a votar a pedido de los mismos de siempre, en campañas que insultan nuestra inteligencia. No puedo aceptar que nuestro único papel en este maquiavélico entramado sea concurrir a las urnas para manifestar nuestro desaprobación cada cierto número de años, cuando el resultado de la gestión del político cuestionado deja mucho que desear y no se condice ni con el nivel de remuneración ni con la miríada de privilegios que se les granjea para un mejor desempeño. Algunos ni hacen la pega. Semejante despilfarro de recursos estatales no se justifica en un país del tercer mundo, como tampoco lo hace el que los problemas de índole económica, que siempre son obra de unos pocos, sean resueltos por el dinero de todos nosotros, y que, más encima, ellos exijan que se les ayude. Se les está pasando la mano. Nada nuevo bajo el sol.
Es por ello que debemos ser proactivos y colaborar con la autoridad en la resolución de nuestros problemas, siempre y cuando hayamos elegido personas de carne y hueso, probas, íntegras, competentes, y no pequeños dictadorzuelos que creen que su repartición (Ministerio, Servicio, Municipalidad, Dirección) es su parcela de agrado. En esto los partidos políticos han sido nefastos, porque le abren sus puertas a cualquier advenedizo con aires de grandeza, quien, impajaritablemente, se estima preparado para cualquier magistratura, cargo o sinecura, pues su vocación de servicio público está más allá de toda duda y él o ella piensa que merece recompensarla. Cuando las nociones de derecha e izquierda se difuminan, y ya no se trata de optar por una economía de libre mercado o por el Estado de Bienestar, el concepto mismo de partido político como instrumento para defender los principios y posturas políticas se vuelve obsoleto, y éstos se transforman en sólo símiles de un club deportivo de fútbol: todos quieren jugar o aspiran a hacerlo algún día. Estas nuevas tesis que han circulado para defender el intercambio de congresistas fallecidos por otros militantes del mismo partido refuerzan esta idea: no importa si los electores se pronunciaron por un candidato porque confiaban en él, en razón de sus ideas o, simplemente, porque el cartelito que lo promocionaba lo hacía ver honesto, trabajador o tincudo (respecto de las electoras). Es evidente que estas maquinaciones, porque no son otra cosa, violan el espíritu democrático y cualquier sentido de la decencia que la Política alguna vez tuvo, pues las personas no son intercambiables, no son meros cupos pertenecientes a una ideología o, mejor dicho, a una triste ficción que pasa por una. Además, esto desafía la lógica electoral o, en su defecto, el más elemental sentido común: que ocupe la vacante el segundo más votado y ya está. Pero me respetan a la gente y sus decisiones, como tanto les gusta declarar.
Si nuestros denodados esfuerzos por hacernos oír han naufragado lastimosamente, preciso es replantear la forma de objetar y de reclamar por los desaguisados de los personajes en cuestión. Cuando la gente empiece a entender que los políticos no son la solución de sus problemas - porque no es su rol, porque no tienen las capacidades o competencias necesarias y porque no todo pasa por la ley - y se organice cada vez más, cuando haga valer sus opiniones y argumentos, cuando comience a creer en sí misma e instale el respeto como condición sine qua non para la representación popular, este país saldrá adelante, y lo hará por sus propios medios, sin políticos facinerosos ni empresarios codiciosos que no han, en verdad, emprendido nada.
domingo, 29 de marzo de 2009
Política Cultural o La Cultura de la Política
Política: Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
Ya es unánime: el descrédito de la clase política es indiscutible. Todos pontificamos con esta verdad, del porte de una casa, y no hacemos nada para revertirlo. No hablamos aquí de temas sin importancia - éste vaya que la tiene, y en grado sumo - sino de nuestro futuro, nada menos. La ocasión, desgraciadamente, no podría ser mejor, cuando el impacto de una "crisis" en todas nuestras vidas y bolsillos realmente se hace sentir, algunas veces de manera catastrófica, y el tópico en cuestión, viejo como el hilo negro, distrae a lo sumo, me atrevería a decir, a nuestra remilgada y alicaída opinión pública, propia del país de dueñas de casa, muy respetables por cierto, en que nos hemos convertido. Nos tiran una teleserie o dos y es suficiente.
Y escribo crisis en comillas no porque descrea de su devastadora existencia para muchos que lo han perdido todo, sino porque me ha tocado asistir al triste espectáculo de nuestro gobierno corriendo a socorrer a los que, proporcionalmente, han perdido muy poco, poquísimo, respecto de los cuales no ha habido crisis ni por asomo, y éstos embolsándose descaradamente esta preciosa y por todos provista ayuda, que no era para ellos en principio y finalmente lo fue. Me hubiera gustado ver la misma enérgica cívica reacción contra los bancos que alegremente constaté cuando lo de las farmacias, que algunos, bastantes por lo que he podido apreciar, consideraron que fue poco castigo. A propósito de éstas, un extranjero notó su número en demasía en comparación con otras latitudes – lo que empeora la ofensa de aquéllas – y llegó a la espeluznante conclusión de que Chile es un “país de enfermos”. Les dejo la reflexión.
¿Cómo elevamos el nivel de nuestros políticos? ¿Con cultura, léase resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos? Nuestro Parlamento tiene en sus filas hombres cultivados, lo que no les ha impedido transar con ciertos principios que uno consideraría como propios de la dignidad del cargo que ocupan y que honran el mandato de toda una sociedad. Ese bagaje cultural, justamente, es el que hace imposible que no sepan la gravedad y tamaño de la falta. Además, a mi parecer más grave, violan con su actuar el espíritu de la ley, el principio generador necesario para una ordenada y justa convivencia, para la tan vilipendiada pero, y en esto no hay que engañarse, imprescindible paz social. Todo sea por unos cochinos pesos y por pertenecer a una, me perdonarán, vasta basta elite que, a la primera de cambio, trafica alegremente con las influencias como si nada y le importa un carajo.
Clamamos por cultura cuando las condiciones para su adecuado desarrollo son deplorables: ¿qué cultura va a cuajar en este ambiente de universidades totalmente mercantilizadas, pervertidas en su naturaleza, privadas de su vital rol, verdaderas casas de estudio, que lucran con la información, y donde el profesional liberal, natural forjador del conocimiento y alguna vez digno en esta nación, se presta para la publicidad del negociado? ¿En que el Estado es el indispensable mecenas de las artes? ¿En que se aspira a burocratizar esa genuina, a veces emocionante expresión de sensibilidad que es la obra artística mediante un Ministerio? ¿En esta sociedad gris que acepta que unos bandidos pongan de moda la palabra mediocridad, con todo lo cruelmente lapidaria que es, porque íntima pero falazmente cree que es así? ¿Por qué la cultura debe ser "entretenida" cuando nunca antes lo fue? ¿Dónde está el saber en Chile? ¿Dónde la verdadera sabiduría de nuestro pueblo? ¿Por qué no partir por ahí?

